Hildegard von Bingen (1098–1179)
Mística, compositora y una de las primeras autoras con voz propia en la historia de la música occidental.
Este texto forma parte de un proyecto del Comité de Igualdad cuyo objetivo es visibilizar las contribuciones de las mujeres músicas a lo largo de la historia, integrarlas en nuestra memoria colectiva y promover referentes que amplíen la perspectiva sobre quiénes han construido la historia de la música.
Durante siglos, la historia de la música ha sido narrada desde una mirada que ha invisibilizado en gran medida la aportación de las mujeres. Sin embargo, desde la Edad Media hasta la actualidad, compositoras, intérpretes y creadoras han desempeñado un papel decisivo en el desarrollo cultural y artístico. Entre ellas, la figura de Hildegard von Bingen constituye uno de los ejemplos más extraordinarios de cómo el talento femenino fue capaz de abrirse camino incluso en contextos profundamente restrictivos.
Hildegard von Bingen (1098–1179) fue una monja benedictina alemana, abadesa, compositora, escritora, mística, pensadora, naturalista y una de las voces intelectuales más influyentes del siglo XII. Vivió en el valle del Rin y fundó su propio monasterio en Rupertsberg, cerca de Bingen. Aunque en su tiempo fue conocida sobre todo por sus visiones proféticas y sus escritos teológicos y médicos, hoy se la reconoce también como una de las grandes figuras de la música medieval y como una de las primeras compositoras de nombre conocido.
Una autora clave en la historia de la música
Hildegard es probablemente la primera mujer de la que conservamos un corpus musical amplio, coherente y firmado. En una época en la que la vida intelectual y musical estaba dominada por varones, dirigió una comunidad de monjas nobles con una intensa vida litúrgica y musical, escribió a papas, obispos y príncipes —que a su vez le pedían consejo— y dejó una obra escrita inmensa que incluye tratados teológicos, textos médicos, correspondencia, visiones ilustradas y música.
El hecho de que una mujer firmara, organizara y difundiera una producción de tal magnitud supone una ruptura clara con el patrón de invisibilidad femenina en la cultura escrita medieval.
Su música
La producción musical de Hildegard es excepcional para su tiempo. Se conservan 77 cantos litúrgicos reunidos bajo el título Symphonia armonie celestium revelationum, además del drama moral Ordo Virtutum, considerado el primer drama musical completo no ligado directamente a la liturgia del que se conserva música.
Su escritura, aunque basada en el canto llano, es profundamente personal: melodías amplias, intervalos poco habituales, abundancia de melismas y una estrecha relación entre texto y música. Muchas de sus composiciones estaban pensadas para ser cantadas por su propia comunidad de monjas, otorgando a las voces femeninas un papel central en el espacio sonoro litúrgico.
Música, cuerpo y espiritualidad
Uno de los conceptos más originales del pensamiento de Hildegard es la viriditas, entendida como el “verdor” o la energía vital que permite crecer, florecer y regenerarse. En su visión, la música restituye la armonía entre el ser humano, el cosmos y lo divino, y posee un poder regulador del alma, con un efecto emocional y espiritual que hoy puede leerse como una temprana reflexión sobre la dimensión terapéutica de la música.
Olvido y redescubrimiento
Aunque fue muy respetada en vida, su música no se integró en el canon historiográfico construido siglos después. No fue hasta finales del siglo XX cuando su obra comenzó a ser redescubierta, grabada y estudiada de forma sistemática. Hoy, Hildegard von Bingen es una figura central en la musicología medieval, los estudios de género y la reflexión sobre la música como experiencia espiritual y transformadora.
Su legado evidencia que la desigualdad en la historia de la música no proviene de la ausencia de talento femenino, sino de la falta de reconocimiento. Incorporar su figura a este proyecto supone un acto de justicia histórica y un compromiso con una visión más amplia, plural y equitativa de la cultura musical.


